22 mar 2009

NO SE OLVIDEN DE TARTAGAL

Poco más de un mes pasó de la catástrofe de Tartagal. Y los salteños que quedaron en la calle, perdieron sus hogares y debieron evacuar su lugar de origen, se encuentran naufragando entre las promesas del Estado por reconstruir sus viviendas y la ayuda humanitaria que más de medio país se encargó de reunir, y que los intereses de punteros políticos parecieran haber hecho desaparecer. Las inundaciones de 2003 de Santa Fe pasaron al recuerdo en cuestión de semanas como cada vez que sucede una lamentable tragedia en Argentina- y el alud de Tartagal, en el pasado mes de febrero, ya parece haber cosechado la misma, y mala, suerte. A pesar de la vehemencia con que la presidenta Cristina de Kirchner anunció las obras para la reconstrucción de Tartagal días después de lo sucedido que contemplaban la edificación de 627 nuevas viviendas y la prórroga del seguro de desempleo para los damnificados hasta junio- las soluciones aún no llegaron. Según cifras oficiales de Salta, varias familias de los miles de evacuados durante la tormenta pudieron restituir su hogar tras el alud, pero al menos 150 familias perdieron todo. Por ende, el Ejecutivo dijo que la inversión para levantar las nuevas viviendas, como para las reformas en otros inmuebles y la construcción de las redes cloacales y de gas natural alcanzaría los 159 millones de pesos: aún no se vieron plasmadas. En paralelo, la Fundación Madres de Plaza de Mayo, presidida por Hebe de Bonafini, a través de la Misión Sueños Compartidos, prometió que construiría más de 1.000 viviendas en Tartagal. El propio director ejecutivo de la Fundación, Sergio Schoklender, viajó hacia Tartagal para concretar el proyecto. Pero nada se plasmó en lo concreto. “Lo prometido desde Nación no se plasmó más que en anuncios y relevamientos en la zona” señaló en diálogo con Hoy el periodista salteño de Radio Géminis, Carlos Páez. “De las obras, lo único que se hizo fue un relevamiento sobre las casas que podían restituir la conexión de gas y se está haciendo esa conexión” dijo, asegurando que “con respecto a las viviendas, el Instituto de la Vivienda todavía no firmó la contratación directa de las empresas que estarán a cargo de las obras”. En ese sentido, mencionó que “estas obras iban a ser una inyección económica para Tartagal, había una gran expectativa en torno a ellas, pero lamentablemente todavía no hubo nada concreto”. Aunque, por su parte, el secretario de gobierno del Municipio de Tartagal Roberto Avellaneda se encargó de refutarlo indicando a Hoy que “las obras anunciadas están en principio o en plena ejecución, ya se compraron los terrenos y se firmó el convenio con el Instituto Provincial de la Vivienda”. ¿Y qué hay de la ayuda humanitaria? Páez la describió como “una situación que desbordó en su manejo, y favoreció al clientelismo político”. Los sectores piqueteros salteños, afines al kirchnerismo, se ocuparon de “distribuir” las donaciones, que en lo concreto no llegaron a destino. En sintonía, la Diputada Nacional del PRO Cynthia Hotton, que recolectó fondos y mercadería a través de una agrupación solidaria que preside, señaló: “Lo que debería ser lo más espontáneo fue lo más turbio: el proceso de reparto”. En tal sentido, aseguró que punteros políticos de Tartagal se encargaron del reparto de donaciones a los afectados por el aluvión y señaló que “muchas veces la ayuda no llegó” a quienes la necesitan. La diputada Hotton, que recolectó fondos y mercadería a través de una agrupación solidaria que preside, reveló que estuvo en Tartagal donde no pudo repartir “un camión lleno de colchones” entre los damnificados por el aluvión porque le indicaron que “la mercadería debía ser otorgada sólo a los punteros políticos”. Además, informó que según su experiencia “la mercadería que se envía llega a los cuarteles para que sólo los punteros políticos la distribuyan entre las personas”. La historia de Tartagal, vaya novedad, está bien trillada. Cada vez que ocurre una tragedia en Argentina, se repite: la noticia toma repercusión pública, el país entero se suma a la causa, las víctimas, protagonistas fugaces, son el centro de la escena que el ciudadano escucha conmocionado. La solidaridad aparece en recónditos rincones del país y luego, una vez que ha pasado el cuarto de hora del shock, los damnificados pasan al baúl de los recuerdos mediatizados. ¿Cambiará alguna vez?

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