15 nov 2010
ROMPE CAMILLAS
Quilmes: pesa 200 kilos y no lo atienden para no romper las camillas. No tiene obra social y los hospitales lo evitan. Finalmente, explicó que le prometieron la internación en un centro de salud para mañana. "Esperé tanto que puedo esperar un día más, aunque hasta que no lo vea no lo creo", con voz ahogada Rubén López, un vecino de Quilmes resignado a ver pasar la vida acostado en su cama. Desde hace tiempo, la obesidad lo castiga duro y nadie se quería hacer cargo de su caso, aunque cómo suele suceder, después de que la prensa se hiciera eco, las promesas de atención no tardaron. "Ayer me visitaron funcionarios de salud y me prometieron que mañana me trasladan para la internación", explicó Rubén, aunque aclara que "no me dieron ningún detalles de cómo va a ser el tratamiento o cuánto va a tardar". El lugar sería el Hospital Isidoro Iriarte, en dónde se encargarían de estabilizar su deteriorado estado de salud y evaluar la colocación de un cinturón gástrico."Yo no quería llegar a esto pero ya no doy más, me doy cuenta que me estoy muriendo", confesó a este medio y confió con que esta vez, en los centros donde antes le cerraban las puertas o le decían que encare un tratamiento ambulatorio -"sabiendo que no me podía ni mover"- le ofrezcan una salida para su situación. Rubén tiene 50 años y pesa casi 200 kilos. Desde muy joven su vida se convirtió en una lucha con el sobrepeso por una cuestión genética que compartió con su madre y hermanos. Su vida es un calvario: vive postrado en una cama sin poder desplazarse desde hace cuatro meses, se encuentra sin trabajo y no puede caminar debido a las úlceras que se le formaron en sus piernas. La inflamación de la ingle y el hombro le impiden caminar con normalidad y para ir al baño debe ayudarse con un andador. Su esposa trabaja como empleada doméstica y con ella tienen 2 hijos de 12 y 10 años. Al no poseer empleo, carece de obra social y de cualquier tipo de cobertura de salud: ningún hospital quiere hacerse cargo de su situación, ya sea para el tratamiento o para su traslado en la ambulancia. “Siento que me estoy muriendo tirado en la cama de mi casa, porque cada vez que debo hacerme estudios o ir a curarme las úlceras al hospital de Quilmes, la ambulancia del CREM o cualquier otra me dicen que no me pueden llevar porque tienen miedo que les rompa las camillas o las camionetas”, dijo López a Diario Popular. “Y cuando finalmente se apiadan de mí y me llevan, al llegar al hospital me mienten diciéndome que no hay camas, o que no admiten personas de mi peso. Me siento discriminado”, expresó. “Cuando podía caminar -prosiguió- igual dependía de alguien que me ayudara a subir al colectivo, donde ocupaba dos asientos, lo mismo que en el tren. Me cansaba al subir las escaleras y hoy no puedo caminar ni hasta la esquina de mi casa”. Cuando pudo trabajar lo hizo desde su casa, donde hacía relavados de piezas de plásticos y estaba 11 horas sentado. A causa de este sedentarismo su salud se complicó cada vez más y en la actualidad tiene inmovilizados los miembros inferiores, además de padecer problemas respiratorios y retención de líquidos. Desesperado, solicitó ayuda a la comuna quilmeña porque con la dieta casera que hace no le alcanza y un tratamiento en una clínica especializada tiene un costo muy alto que sus ingresos no pueden hacer frente. Pero la ayuda no llega. Al carecer de obra social, ningún centro médico lo acepta para tratar su enfermedad. Hace poco una ambulancia lo llevó al Hospital El Cruce de Florencio Varela desde donde lo derivaron a Berazategui y luego a Quilmes. A la falta de recursos para afrontar un tratamiento médico se agregan otras carencias. López tampoco dispone de dinero suficiente para comprar ropa a su medida y sólo le quedó un buzo y un pantalón de jogging. “Me da tristeza que mis hijos lleguen del colegio y se encuentran con un vegetal tirado en la cama, y siento mucha impotencia por no poder trabajar y ver que mi problema no parece tener solución”, se lamentó López. “Me encantaría que alguien me dé una mano. Algún organismo o asociación que me brinde la contención y la ayuda que necesito. No pido plata a nadie, sólo necesito ayuda para vivir mejor, porque aún soy joven y quiero dejar de sufrir”, dijo el hombre. Al parecer, esta vez si escucharán su súplica.
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