Un cacerolazo de una sola persona sacó de quicio a Hugo Chávez. El imprevisto toque de una cacerola interrumpió por breves momentos una alocución que el caudillo caribeño Hugo Chávez dirigía a la guarnición militar de Maracay, en el centro-occidente del país, con motivo del fin de año."¡Vamos a darle un aplauso a esa solitaria cacerola que se oye por allá ¡Viva la patria!", dijo el bolivariano al oír el sonido de la cacerola proveniente de un lugar cercano. "Por cada cacerola, sonarán 100.000 gargantas de la victoria del pueblo revolucionario. Sigan creyendo que con cacerolas nos van a tumbar escuálidos de pacotilla", agregó. En respuesta al ruido de la cacerola, Chávez añadió: "Los escuálidos se hacen ilusiones, ¡que se sigan haciendo ilusiones! Esta revolución será cada día más radicalmente socialista, humanista, cristiana, patria y verdadera". Claramente alterado por el cacerolazo, el caudillo lanzó: "La fuerza armada seguirá jugando un papel fundamental en esta revolución, el papel que le tocará siempre a los soldados de la patria de Simón Bolívar, ¡duélale a quien le duela!".

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