Otra fuerte demostración de fe: hubo casi 800 mil fieles en Salta
Fue un día después de la beatificación del cura Brochero en Córdoba. Atribuyen la multitud al “efecto Francisco”. Seis días exactos antes de la primavera, Salta florece de esperanza en cada fiesta del Milagro. Desde las entrañas del tiempo mismo se repite el ritual cuando los fieles renuevan el pacto de fe ante el Señor y Virgen del Milagro, los Santos Patronos tutelares de la provincia desde 1692, cuando salieron por primera vez a recorrer las calles tras los terribles terremotos que aquel año destruyeron la ciudad de Esteco y sacudió los cimientos de la Salta de antaño. Y este 15 de septiembre de 2013, un día después de la gran demostración de fe en Córdoba por la beatificación del cura Brochero, Salta escribió una página dorada: fue la primera fiesta del Milagro que se realizó bajo el mandato de un Papa argentino. “Esperamos algún año tenerlo a Francisco en esta fiesta”, le dice aClarín monseñor Dante Bernacki, para quien su elección tuvo impacto en este Milagro: según confirmó la Policía salteña, ayer hubo casi 800 mil personas en la procesión. “El hecho de tener un Papa argentino motiva de otra manera al creyente. Fijate la cantidad de peregrinos que tuvimos este año, donde el número casi se triplicó y llegó a los 30 mil, que llegaron de distintos lugares de la provincia. Sin dudas, esto fue motivado por el Papa, que tiene un gran carisma y la gente se siente plenamente identificada”, explica el religioso, que como hace 7 años caminó con la peregrinación que baja de San Antonio de los Cobres, a pie los 180 kilómetros de distancia. La imagen Francisco estuvo presente en todos los sectores de la procesión, y también fue mencionado por el arzobispo Mario Cargnello en su homilía. En su discurso, el religioso disparó hacia varios frentes. A los candidatos de la política les pidió “un mayor compromiso moral desde la probidad” y que no se gasten en pronunciar “discursos vacíos”. Y les apuntó a los que “amasan fortunas con dinero ajeno”, frase que despertó aplausos de la concurrencia que se dio cita al Monumento 20 de Febrero, en el sector norte de la capital donde está ubicado el altar mayor. También tuvo una mención especial y sentida para el cura Brochero, que anteayer fue beatificado en Córdoba. Las estrofas del Himno Nacional que sonaron luego retumbaron fuerte en el parque, mientras las Sagradas Imágenes se ponían lentamente en posición para emprender el regreso a la Catedral, mientras cientos de miles de pañuelos blancos despedían al Señor y Virgen del Milagro hasta el año próximo. Entre peregrinos de pies ampollados y rostros cansados, Javier y Héctor estrechan sus manos, haciendo una silla con sus brazos. Allí cargaron a su madre, Dionisia Quispe, quien con 89 años no faltó nunca a la procesión. Ella no puede caminar, pero tiene a sus hijos que la llevan para cumplir con el pacto de fe. “Hablale fuerte que no escucha bien”, recomienda uno de sus hijos cuando Clarín le pregunta a la anciana qué siente en cada Milagro. “Cada procesión lo siento a Diosito más cerca de mí”, dice la mujer con los ojos húmedos, mientras estruja entre sus manos un rosario y un pañuelo blanco con las imágenes del Señor y la Virgen pintadas en tinta azul.
Fue un día después de la beatificación del cura Brochero en Córdoba. Atribuyen la multitud al “efecto Francisco”. Seis días exactos antes de la primavera, Salta florece de esperanza en cada fiesta del Milagro. Desde las entrañas del tiempo mismo se repite el ritual cuando los fieles renuevan el pacto de fe ante el Señor y Virgen del Milagro, los Santos Patronos tutelares de la provincia desde 1692, cuando salieron por primera vez a recorrer las calles tras los terribles terremotos que aquel año destruyeron la ciudad de Esteco y sacudió los cimientos de la Salta de antaño. Y este 15 de septiembre de 2013, un día después de la gran demostración de fe en Córdoba por la beatificación del cura Brochero, Salta escribió una página dorada: fue la primera fiesta del Milagro que se realizó bajo el mandato de un Papa argentino. “Esperamos algún año tenerlo a Francisco en esta fiesta”, le dice aClarín monseñor Dante Bernacki, para quien su elección tuvo impacto en este Milagro: según confirmó la Policía salteña, ayer hubo casi 800 mil personas en la procesión. “El hecho de tener un Papa argentino motiva de otra manera al creyente. Fijate la cantidad de peregrinos que tuvimos este año, donde el número casi se triplicó y llegó a los 30 mil, que llegaron de distintos lugares de la provincia. Sin dudas, esto fue motivado por el Papa, que tiene un gran carisma y la gente se siente plenamente identificada”, explica el religioso, que como hace 7 años caminó con la peregrinación que baja de San Antonio de los Cobres, a pie los 180 kilómetros de distancia. La imagen Francisco estuvo presente en todos los sectores de la procesión, y también fue mencionado por el arzobispo Mario Cargnello en su homilía. En su discurso, el religioso disparó hacia varios frentes. A los candidatos de la política les pidió “un mayor compromiso moral desde la probidad” y que no se gasten en pronunciar “discursos vacíos”. Y les apuntó a los que “amasan fortunas con dinero ajeno”, frase que despertó aplausos de la concurrencia que se dio cita al Monumento 20 de Febrero, en el sector norte de la capital donde está ubicado el altar mayor. También tuvo una mención especial y sentida para el cura Brochero, que anteayer fue beatificado en Córdoba. Las estrofas del Himno Nacional que sonaron luego retumbaron fuerte en el parque, mientras las Sagradas Imágenes se ponían lentamente en posición para emprender el regreso a la Catedral, mientras cientos de miles de pañuelos blancos despedían al Señor y Virgen del Milagro hasta el año próximo. Entre peregrinos de pies ampollados y rostros cansados, Javier y Héctor estrechan sus manos, haciendo una silla con sus brazos. Allí cargaron a su madre, Dionisia Quispe, quien con 89 años no faltó nunca a la procesión. Ella no puede caminar, pero tiene a sus hijos que la llevan para cumplir con el pacto de fe. “Hablale fuerte que no escucha bien”, recomienda uno de sus hijos cuando Clarín le pregunta a la anciana qué siente en cada Milagro. “Cada procesión lo siento a Diosito más cerca de mí”, dice la mujer con los ojos húmedos, mientras estruja entre sus manos un rosario y un pañuelo blanco con las imágenes del Señor y la Virgen pintadas en tinta azul.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario