Según el politólogo Carlos Germano, si persiste el escenario maniqueo la grieta se profundizará y hará que la gobernabilidad desbarranque El experto señaló que el sucesor de Alperovich no debería respaldarse en la diferencia de votos que logró su espacio, sino tratar de consensuar con otros sectores. Si una sentencia adversa de la Corte Suprema de Justicia de la Nación no se cruza en su camino, dentro de 33 días Juan Manzur se sentará en el sillón de Lucas Córdoba para iniciar su mandato como gobernador. Pero la marcha hacia ese sitio no resultó un plácido paseo. Por el contrario, durante el tiempo posterior a la elección que lo consagró vencedor, realizada el 23 del mes pasado, la sociedad se quebró en dos. Un sector bramó de broncas, por sospechar que había sido robado en las urnas, y vociferó fiero contra los que se reivindicaban oficialistas. Otro grupo salió a bancar el resultado comicial, y también lanzó arengas y advertencias contra los primeros. Los insultos iban y venían de uno y de otro lado. La grieta, que tan famosa se hizo durante los últimos años en la Argentina, se ensanchó aun más en Tucumán, durante el mes que pasó. La fractura resultó indisimulable, al punto de que el máximo representante de la Iglesia católica en Tucumán, el arzobispo Alfredo Horacio Zecca, dedicó a esta cuestión la homilía que pronunció en la misa por el 24 de Septiembre, y pidió serenidad y diálogo a los principales referentes políticos del oficialismo y de la oposición. “Estoy preocupado y afligido por la división y el enfrentamiento que se han creado, no sólo entre los líderes políticos de diversas tendencias y pensamientos sino, lo que es más grave, en las familias, entre los amigos y compañeros de trabajo. Hemos llegado a un punto de inflexión que exige un cambio hacia el futuro. Quisiera invitar a todos: gobernantes y gobernados, líderes políticos y a toda la dirigencia de Tucumán a un diálogo sincero y sereno que priorice lo que nos une”, había dicho Zecca.
“Un laberinto”
Pero no sólo el líder religioso advierte sobre la necesidad del diálogo, como vía de salida a la situación de conflicto y como medio para alcanzar la pacificación de la sociedad. El analista político Carlos Germano también sostuvo que esta práctica se impone en el corto y mediano plazo. “Cuando (José) Alperovich le pase la banda y el bastón al flamante gobernador, junto a los ‘atributos del poder’ le pasará más problemas que soluciones. El conflictivo acto electoral, la solución judicial -que nunca es buena para la política-, las plazas indignadas -amplificadas hasta el cansancio por los medios-, y respuestas y actos del oficialismo -del que Manzur es continuidad-, lo pondrán en un laberinto del que, como siempre, sólo se saldrá por arriba: viene un tiempo de imprescindible diálogo”, afirmó Germano.
A criterio del especialista, la persistencia de un escenario maniqueo podría afectar severamente la posibilidad de que el actual presidente de la Legislatura lleve adelante su gestión. “Si se mantiene la postura de buenos y malos, de patriotas y traidores, de populares y oligárquicos, por la grieta que se agranda y se profundiza día a día, por ese agujero se desbarrancará la gobernabilidad recién ganada”, advirtió.
Puntualizó, además, que la diferencia que cosechó el Frente para la Victoria, de acuerdo a los guarismos que arrojó el escrutinio definitivo -más de 110.000 votos, por sobre el Acuerdo para el Bicentenario, que postulaba al diputado nacional José Cano para gobernador-, no implica que el eventual futuro gobernador pueda relajarse. De esa manera, sugirió que el ex ministro de Salud de la Nación tiene una mayor responsabilidad para convocar al diálogo. “Pese a que los números formales otorgan un margen respetable de Manzur sobre su oponente, la realidad -esa ‘única verdad’-, pone al Gobierno que asume en la necesidad y en la obligación de buscar, mediante el diálogo y el consenso, la legitimidad que su legalidad no le otorga”, señaló, por último, el politólogo.
Otro analista consultado, Rosendo Fraga, dio a entender que el diálogo por sí sólo no bastará para sanar las heridas sociales y para, de ese modo, llevar adelante una gestión sin sobresaltos. Subrayó que Manzur debería impulsar medidas profundas, paradigmáticas, comparables con la que considera “la reforma política más importante en 200 años de historia argentina”, ejecutada durante la Presidencia de Roque Sáenz Peña.
ANÁLISIS
Seguir el camino de Sáenz Peña (Por Rosendo Fraga, Centro de Est. Unión para la nueva Mayoría)
La Argentina muestra dos culturas políticas en términos regionales. En los distritos grandes -provincia y ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Mendoza-, que constituyen el 70% del padrón electoral, hay una cultura política más plural. En ninguna se estableció nunca la reelección indefinida o el tercer mandato consecutivo. En los cinco distritos, los gobernadores ejercieron el poder los últimos dos años sin tener mayoría en la legislatura provincial. Además, no hay familias sucediéndose en el poder.
En los otros 19 distritos -representan el 30% del padrón-, en general predomina una cultura política más personalista, con gobernadores que se perpetúan directa o indirectamente y que suelen tener el poder total. Cabe recordar que de los presidentes Carlos Menem, Néstor Kirchner y Adolfo Rodríguez Saá establecieron en sus provincias la reelección indefinida.
Tucumán es el primero de los distritos más chicos y por su dimensión marca la frontera entre una y otra cultura política. El conflicto creado en torno a la última elección local confirmó que la provincia se ubica dentro de la cultura política más personalista. ¿Puede el nuevo gobernador restablecer la armonía política tras el conflicto?
No parece fácil; pero si se inspira en una figura de la historia política argentina sí puede lograrlo. Se trata de Roque Sáenz Peña, recordado por la sanción -hace más de un siglo- de la ley que estableció el voto universal, secreto y obligatorio, y que significó la reforma política más importante en 200 años de historia argentina.
Llega a la Presidencia por una decisión del presidente que lo precedió, José Figueroa Alcorta, y la dirigencia conservadora que controlaba y conducía la política argentina de la época. Pero a pesar de provenir por familia, tradición y actuación, de las entrañas del régimen conservador, tuvo la visión, el coraje y la decisión de imponer un cambio que sacaría del poder a su misma fuerza política. Frente a la desconfianza inicial del líder del radicalismo, Hipólito Yrigoyen, supo ganarse su confianza con acciones concretas en el terreno legislativo y administrativo para garantizar la pureza del sufragio.
Este es el ejemplo que debería seguir el nuevo gobernador tucumano si quiere lograr la confianza y la armonía en la provincia: como Sáenz Peña, ponerse a la cabeza de la necesaria reforma del sistema electoral provincial.
No le fue fácil a Sáenz Peña alinear al Congreso -de amplias mayorías conservadoras- detrás de esta reforma. Su vicepresidente, Victorino de la Plaza, y su ministro del Interior, Indalecio Gómez, eran oriundos de Salta, una de las provincias en aquel entonces con estructura política y social más conservadora. Pero ambos llevaron adelante esta reforma, que en los hechos fue concluida por el vicepresidente tras la muerte de Sáenz Peña en 1914.
Así como en 1910 este presidente llegó al poder asumiendo el programa de reforma electoral de la oposición y lo concreta aun en contra de los intereses de sus propios correligionarios, hoy este es el camino que se debería tomar en Tucumán.
Si se asume el camino de Sáenz Peña, Tucumán no sólo corregirá un problema político-institucional que ha mostrado ser de envergadura, sino que puede también mostrar el camino para otras provincias.
“Un laberinto”
Pero no sólo el líder religioso advierte sobre la necesidad del diálogo, como vía de salida a la situación de conflicto y como medio para alcanzar la pacificación de la sociedad. El analista político Carlos Germano también sostuvo que esta práctica se impone en el corto y mediano plazo. “Cuando (José) Alperovich le pase la banda y el bastón al flamante gobernador, junto a los ‘atributos del poder’ le pasará más problemas que soluciones. El conflictivo acto electoral, la solución judicial -que nunca es buena para la política-, las plazas indignadas -amplificadas hasta el cansancio por los medios-, y respuestas y actos del oficialismo -del que Manzur es continuidad-, lo pondrán en un laberinto del que, como siempre, sólo se saldrá por arriba: viene un tiempo de imprescindible diálogo”, afirmó Germano.
A criterio del especialista, la persistencia de un escenario maniqueo podría afectar severamente la posibilidad de que el actual presidente de la Legislatura lleve adelante su gestión. “Si se mantiene la postura de buenos y malos, de patriotas y traidores, de populares y oligárquicos, por la grieta que se agranda y se profundiza día a día, por ese agujero se desbarrancará la gobernabilidad recién ganada”, advirtió.
Puntualizó, además, que la diferencia que cosechó el Frente para la Victoria, de acuerdo a los guarismos que arrojó el escrutinio definitivo -más de 110.000 votos, por sobre el Acuerdo para el Bicentenario, que postulaba al diputado nacional José Cano para gobernador-, no implica que el eventual futuro gobernador pueda relajarse. De esa manera, sugirió que el ex ministro de Salud de la Nación tiene una mayor responsabilidad para convocar al diálogo. “Pese a que los números formales otorgan un margen respetable de Manzur sobre su oponente, la realidad -esa ‘única verdad’-, pone al Gobierno que asume en la necesidad y en la obligación de buscar, mediante el diálogo y el consenso, la legitimidad que su legalidad no le otorga”, señaló, por último, el politólogo.
Otro analista consultado, Rosendo Fraga, dio a entender que el diálogo por sí sólo no bastará para sanar las heridas sociales y para, de ese modo, llevar adelante una gestión sin sobresaltos. Subrayó que Manzur debería impulsar medidas profundas, paradigmáticas, comparables con la que considera “la reforma política más importante en 200 años de historia argentina”, ejecutada durante la Presidencia de Roque Sáenz Peña.
ANÁLISIS
Seguir el camino de Sáenz Peña (Por Rosendo Fraga, Centro de Est. Unión para la nueva Mayoría)
La Argentina muestra dos culturas políticas en términos regionales. En los distritos grandes -provincia y ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Mendoza-, que constituyen el 70% del padrón electoral, hay una cultura política más plural. En ninguna se estableció nunca la reelección indefinida o el tercer mandato consecutivo. En los cinco distritos, los gobernadores ejercieron el poder los últimos dos años sin tener mayoría en la legislatura provincial. Además, no hay familias sucediéndose en el poder.
En los otros 19 distritos -representan el 30% del padrón-, en general predomina una cultura política más personalista, con gobernadores que se perpetúan directa o indirectamente y que suelen tener el poder total. Cabe recordar que de los presidentes Carlos Menem, Néstor Kirchner y Adolfo Rodríguez Saá establecieron en sus provincias la reelección indefinida.
Tucumán es el primero de los distritos más chicos y por su dimensión marca la frontera entre una y otra cultura política. El conflicto creado en torno a la última elección local confirmó que la provincia se ubica dentro de la cultura política más personalista. ¿Puede el nuevo gobernador restablecer la armonía política tras el conflicto?
No parece fácil; pero si se inspira en una figura de la historia política argentina sí puede lograrlo. Se trata de Roque Sáenz Peña, recordado por la sanción -hace más de un siglo- de la ley que estableció el voto universal, secreto y obligatorio, y que significó la reforma política más importante en 200 años de historia argentina.
Llega a la Presidencia por una decisión del presidente que lo precedió, José Figueroa Alcorta, y la dirigencia conservadora que controlaba y conducía la política argentina de la época. Pero a pesar de provenir por familia, tradición y actuación, de las entrañas del régimen conservador, tuvo la visión, el coraje y la decisión de imponer un cambio que sacaría del poder a su misma fuerza política. Frente a la desconfianza inicial del líder del radicalismo, Hipólito Yrigoyen, supo ganarse su confianza con acciones concretas en el terreno legislativo y administrativo para garantizar la pureza del sufragio.
Este es el ejemplo que debería seguir el nuevo gobernador tucumano si quiere lograr la confianza y la armonía en la provincia: como Sáenz Peña, ponerse a la cabeza de la necesaria reforma del sistema electoral provincial.
No le fue fácil a Sáenz Peña alinear al Congreso -de amplias mayorías conservadoras- detrás de esta reforma. Su vicepresidente, Victorino de la Plaza, y su ministro del Interior, Indalecio Gómez, eran oriundos de Salta, una de las provincias en aquel entonces con estructura política y social más conservadora. Pero ambos llevaron adelante esta reforma, que en los hechos fue concluida por el vicepresidente tras la muerte de Sáenz Peña en 1914.
Así como en 1910 este presidente llegó al poder asumiendo el programa de reforma electoral de la oposición y lo concreta aun en contra de los intereses de sus propios correligionarios, hoy este es el camino que se debería tomar en Tucumán.
Si se asume el camino de Sáenz Peña, Tucumán no sólo corregirá un problema político-institucional que ha mostrado ser de envergadura, sino que puede también mostrar el camino para otras provincias.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario