18 abr. 2016

UN PUEBLO TUCUMANO SEPULTADO BAJO EL AGUA

Sud de Lazarte quedó sepultada bajo el agua y algunas familias ahora viven en toldos
El 80% del pueblo terminó bajo las aguas del río Chico. De las 700 familias que vivían hace 20 años, hoy quedan sólo cinco.
Agua por todos lados, salitre, barro podrido y olores repugnantes bajo los rayos de un sol obstinado. En el mediodía de Sud de Lazarte, ubicado al este de Monteagudo, la naturaleza traza un ambiente cruel, impiadoso. Y resulta casi imposible concebir que alguna persona pueda acostumbrarse a vivir ahí, asfixiada por los riesgos.
Sin embargo hay cinco familias que se resisten a abandonar el lugar, acorralados por las bravas arremetidas de las aguas del río Chico. Son las últimas almas de un pueblo que hace unos 20 años llegó a tener más de 700 habitantes. Ahora está casi diezmado. “No nos vamos de aquí porque no tenemos dónde ir. Nadie quiere quedarse, porque es muy duro vivir amenazados por el río. Y para peor, sin que nadie nos dé una mano, una esperanza de solución al desborde del cauce. Sin ayuda de ningún tipo”, planteó Ilda Salvatierra, mamá de un niño.
Casi el 80% de Sud de Lazarte quedó bajo las aguas. El río se abrió e hizo cauces por todos lados. Entonces en este último verano las aguas obligaron a huir de sus casas a unas 25 familias hacia Niogasta. Ahí algunos permanecen como evacuados y otros levantaron sus propios toldos y ranchos en terrenos cercanos a la ruta nacional 157.
Evacuados
En el Centro de Integración Comunitaria (CIC) de Niogasta están instaladas desde enero 35 personas, entre ellas unos 15 niños. La mayoría llegó hasta ahí apenas con lo puesto, porque el agua no les dio tiempo a nada. Había que salir corriendo. Unos pocos lograron rescatar algún electrodoméstico, colchón o calzados. “Nos da angustia permanecer en este lugar, lejos de nuestras casas que ahora quedaron en medio de un río. Perdimos nuestros animales, cultivos y otras cosas. Nos queda implorar que nos ayuden a tener otra vivienda lejos de las aguas, en un sitio seguro”, dijo Claudia Coronel, madre de cinco hijos.
“Todas nuestras cosas qudaron empantanadas. Y ahora estamos aquí esperando que nos envíen unas casillas que nos prometió el Gobierno. No podemos seguir evacuados tanto tiempo”, dijo por su parte Juan Moreno. “Necesitamos que el Gobierno nos ayude a salir de esta zona y a levantar una casa. Esto nos sucede porque nunca se trabajó el río. Ahora nosotros pagamos las consecuencias”, recriminó el hombre.
El Ministro del Interior, Miguel Acevedo, anunció que en estos días entregará casillas de maderas a todos los damnificados. Es lo que esperan desde la semana pasada, pero hasta el momento no han tenido novedades. Y para ellos la espera se hace interminable, el tiempo se vuelve eterno.
Vivir escapando
La desaparición de Sud de Lazarte estuvo precedida por la de la comunidad de Esquina. En esos parajes funcionaban dos escuelas que ahora quedaron tapadas por el agua, al igual que la iglesia y el cementerio. Sobrevive en la zona la escuela Roque Aragón de Niogasta. Don Raúl Nieva vivió en Esquina y escapó hace cinco años de las aguas hacia Sud de Lazarte. Ahí construyó una nueva casa. Ahora el río lo obligó nuevamente a trasladarse más al oeste, cerca de la ruta 157. Ahí levantó una casa de madera y techo de chapa. “Vivimos perseguidos por el agua. Lo nuestro, en verdad, parece una maldición. Mi padre huyó dos veces del río y ahora yo lo tuve que hacer por primera vez”, comentó Adrián Nieva, hijo de Raúl.
“Lo que también es lamentable es que aquí estamos prácticamente abandonados. Nadie nos acerca colaboraciones, teniendo en cuenta que no podemos volver a nuestras casas a traer lo que dejamos porque todo se transformó en un lagunal”, planteó don José Manuel Albornoz. “Camino a mi casa el río corre por la calle y hay pozos profundos. Un cauce del Chico pasa ahora por la galería. Ya no puedo ni pensar en volver”, se lamentó el hombre.
Casillas de madera, de plástico y hechas con despuntes y pajas, amparan a los refugiados que huyeron de las aguas del Chico. Albornoz, que levantó también su techo, vaticinó que la masa líquida, que ya no ingresa al dique Frontal por la colmatación que tendría, avanzará más al oeste y seguramente llegará a tapar a Niogasta. “Es un tema que se tiene que discutir con Santiago del Estero”, concluyó.
A fines del año pasado los vecinos de Sud de Lazarte advertían que su pueblo estaba a punto de quedar bajo el agua si no se hacía algo por manejar el río. Ahora la profecía está cumplida y ellos se quedan con la condena de vivir escapando del agua.
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