15 oct. 2016

Decorar la pobreza

El gobierno recicla la imagen de la Primera Dama y la empuja a la arena pública. Los riesgos de crear una Barbie temática. La tapa de NOTICIAS en la que se analizó el regreso del arquetipo “primera dama decorativa” enojó al Gobierno y nos lo hicieron saber. Ahora se entiende mejor por qué rozamos una zona sensible del nuevo relato oficial en construcción. Habíamos puesto el ojo en un perfil de Awada –el de ama de casa tradicional, consagrada al cuidado y acompañamiento de su marido– que el equipo comunicacional ya estaba planeando retocar. Era un desperdicio no sacar mejor partido de esa cruza de belleza, sobriedad y fotogenia. Así que, en una rápida escalada, se activó el operativo “primera dama con agenda propia”. Una agenda sobre todo protocolar, con muchas imágenes, pocas palabras y mínima acción. El resultado es una colección de fotos cuya estética publicitaria parece resultar eficaz en esta era de redes sociales: Juliana en un club de abuelos. Juliana armando una biblioteca escolar. Juliana festeja el día de la primavera entre niños. Juliana rodeada de pobres. Juliana en clase de cocina. Y más y más Julianas sonrientes y dóciles subidas a Instagram, mientras los communit y manager del PRO analizan replicarlas en Facebook y Snapchat.
El experimento que la convirtió en una suerte de Barbie temática la viene fogueando, de paso, en el acompañamiento terapéutico, porque los huecos que le deja la misión de escoltar al Presidente, se los ocupan en ir a la par de funcionarios en gira. Lo paradójico es que esta agenda “propia” se la armó el Gobierno más afecto de la historia a los sondeos de opinión, tras una encuesta telefónica. En busca de orientación sobre el rol que se espera de una primera dama, el testeo no ofrecía la opción “el que le dé la gana” pero sí daba a elegir entre política social, moda y… huertas. Me queda la impresión de que si la voz del pueblo la hubiera devuelto al jardín de Olivos, a ella le habría resultado un alivio.
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