7 nov. 2016

Por qué se celebra hoy el Día del Canillita

Por qué se celebra el Día del Canillita el 7 de noviembre y por qué el gremio recibió ese apodo.
“Para vos, canilla” es un tango que compusieron Horacio Quintana y Julio Martín y que Rubén Juárez convirtió en un éxito. Ese fue el primer tema que Juárez grabó y marcó el comienzo de su brillante historia como cantor. Ocurrió en 1969, en un tiempo en que el tango no estaba en el primer plano de las preferencias musicales. De todas maneras, aquel éxito también tuvo relación con la mención que la letra hacía sobre la figura de los canillitas. Es decir: los vendedores callejeros de diarios y revistas, un “invento” argentino. El tema viene a cuento porque ayer los canillitas recordaron su día. Pero vale la pregunta: ¿por qué el 7 de noviembre? Y también ¿dónde se originó la expresión para nombrar a esos trabajadores? La historia cuenta que todo empezó en la ciudad de Rosario el 1° de enero de 1898. Ese día se empezó a distribuir el diario La República, una creación de Lisandro de la Torre, aquel dirigente político, abogado y escritor que tuvo importantes actividades como senador y diputado nacional, además de actuar como constituyente. Con militancia en el radicalismo y luego fundador del Partido Demócrata Progresista, a De la Torre lo conocían como “el fiscal de la República”. Lo concreto es que con la aparición del diario hubo un acontecimiento clave: ese día y por la calles, un grupo de chicos, llevando los ejemplares bajo el brazo, gritaban “La República a medio peso”, toda una novedad. Antes de esa fecha los periódicos se vendían por correo, por suscripción o comprándolos directamente en el lugar de la impresión. Dicen que la idea fue del doctor Manuel Bilbao, quien dirigía el diario.
El jefe de redacción de La República era un joven de 23 años que desde su adolescencia ya estaba vinculado con el periodismo. Había nacido en Montevideo, Uruguay, el 17 de enero de 1875. Sus padres eran Olegario Sánchez y Josefina Mussante. Su nombre completo era Florencio Antonio Sánchez Mussante, pero la historia lo conoce simplemente como Florencio Sánchez. Militante político del Partido Blanco, en 1897 y con el liderazgo de Aparicio Saravia, participó en el alzamiento contra el presidente Juan Idiarte Borda, un hombre del Partido Colorado que luego fue asesinado. Sánchez, integrante del Batallón de Fusileros “Patria”, estuvo en tres batallas. Después optó por radicarse en la ciudad santafesina, manteniendo una militancia en el anarquismo.
Fue en Rosario donde Florencio Sánchez creó la obra que tenía como protagonista principal a uno de esos chicos vendedores de diarios. Cuentan que el título de la obra surgió después que el hombre viera a un muchacho con unos pantalones que le quedaban cortos porque eran de un tiempo anterior a su crecimiento. Dicen que eso dejaba a la vista las canillas, los largos huesos de sus piernas muy flacas. La obra se desarrollaba en un acto con tres cuadros y se estrenó el 1° de octubre de 1902. La representación estuvo a cargo de la Compañía de Zarzuelas y la buena repercusión hizo que estuviera en el escenario durante doce noches seguidas. En la primera escena aparecía un chico que cantaba este estribillo: “Soy canillita / gran personaje / con poca guita / y muy mal traje”. La obra se titulaba “Canillita”.
Un año más tarde y ya en Buenos Aires conoció a Jerónimo Podestá, uno de los miembros de aquella familia tan importante para la historia de la actividad teatral en el país. Así se estrenó “M’hijo el dotor”, un drama en el que Sánchez desarrollaba la confrontación entre la vida rural y el mundo de la ciudad, dos concepciones muy diferentes. Fue un suceso. Es ahí cuando el dramaturgo uruguayo le propone que también estrenara “Canillita” en la Capital. Podestá acepta y como no había chicos actores que pudieran hacer ese papel, el personaje lo interpreta Blanca, la hija de Jerónimo, quien entonces tenía 14 años. También causó sensación, en especial entre los diareros. Aquello generó que en el Teatro Comedia (estaba en Carlos Pellegrini, entre Sarmiento y Cangallo, la actual Perón) se hiciera una representación gratuita para los canillitas. Ocurrió un domingo a las dos y media de la tarde y el desborde de público fue tan grande que muchos quedaron en la calle. Desde entonces el prestigio de Florencio Sánchez como autor no paró de crecer. Florencio Sánchez murió en Milán, Italia, el 7 de noviembre de 1910, cuando estaba internado en el hospital Fate Bene Fratelli. Tenía 35 años. Había viajado a Europa en 1909 por pedido del presidente uruguayo Claudio Williman. Sánchez debía encargarse de ultimar detalles para la representación uruguaya en una Exposición Artística que se haría en Roma. Pero la tuberculosis minó su salud que lo llevó a ese desenlace fatal. Sus restos fueron repatriados en 1921. El pedido lo había realizado su esposa, Catalina Raventos (conocida como “Catita”) con quien Florencio se había casado el 25 de septiembre de 1903. Ella era miembro de una familia católica y conservadora. Los padrinos de la boda fueron José Ingenieros y Joaquín de Vedia. Los restos llegaron a Montevideo en el buque “Principessa Mafalda” y fueron depositados en el Panteón Nacional del Cementerio Central. Desde 1947, y cada 7 de noviembre, en la Argentina se conmemora el Día del Canillita. En Buenos Aires un monumento realizado en bronce recuerda a Florencio Sánchez. Está en una plazoleta vecina al cruce de la avenida Chiclana y la calle Pavón. Antes había estado en la puerta del Teatro San Martín, sobre la avenida Corrientes. Es obra del escultor argentino Agustín Riganelli (19/5/1890 - 4/11/1949), un artista autodidacta que comenzó haciendo tallas en madera cuando, a sus 15 años, trabajaba como carpintero. Su posterior prestigio hizo que ganara el primer premio Medalla de Oro del Salón Municipal en 1924 y 1925 por trabajos en escultura y talla en madera. También en 1937 consiguió una Medalla de Plata en la Exposición Internacional de París. En su testamento, Sánchez hizo alarde de su condición de anarquista. Pidió que no hubiera llanto, luto ni entierro. Y que su cadáver fuera a la morgue para que sirviera a los estudiantes de Medicina. Como vimos, ese deseo no se cumplió. De todas maneras su figura siempre está presente entre los canillitas, igual que la de María Honoria Elías de Ísola, conocida como La China María. Fue la primera mujer vendedora de diarios en la zona de Rivadavia y 25 de Mayo, a metros de la Casa Rosada, tarea que realizó durante años. Murió en 1934 cuando ya tenía 82 años.
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